miércoles 16 de diciembre de 2009

ALGO MÁS FUERTE Y ALGO MÁS CONFIADO


Parte final de la ruta completada esta tarde

La tarde del miércoles, lluviosa y desangelada ha sido testigo de mi primer entrenamiento tras la Media Maratón del pasado domingo. Y para ello he elegido una ruta no demasiado fácil de 11 kms, como es la que transcurre entre el Pantano del Cubillas y Caparacena. La media kilométrica ha sido de cinco minutos el mil.
Con no mucho frío y algo de lluvia "gallega", he optado por la malla "pirata" Mizuno y me enfundado encima de la camiseta técnica Asics, el chubasquero técnico Joluvi que nos fue obsequiado el pasado 3 de diciembre en la clausura del Circuito de Diputación. También he preferido llevar los guantes técnicos Nike.
Correr esta tarde en esas condiciones atmosféricas y en la práctica soledad de la ruta, ha sido una gozada. El campo se encontraba limpido y relajado tras los muchos litros cúbicos que caídos horas antes a tenor de las huellas de los abundantes charcos en el asfalto.
Y me he encontrado fuerte por primera vez en mucho tiempo. Y esa fortaleza me ha tornado más confiado y con mejores propósitos atléticos para los próximos meses.
Soy consciente que tras la lesión ha sobrevenido el lógico abandono, incluso en las comidas y el leve aumento de peso. No ha sido algo excesivo, pero si cambiable.
Con la ilusión de la fortaleza de hoy, avalada por la satisfacción de haber acabado en buenas condiciones físicas la prueba del pasado domingo, me planteo mucho más en serio los siguientes entrenamientos y apuesto por más sacrificio y alguna calidad en las sesiones venideras.
Otra satisfacción más que me regala el correr.

domingo 13 de diciembre de 2009

MEDIA MARATÓN DE GRANADA DE 2009 (13 DE DICIEMBRE)

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que la Media Maratón de Granada se convertía en una referencia de la temporada. Y aunque no descarto que esos tiempos puedan volver, (el tiempo es siempre una espiral impredecible) en los últimos años esta prueba se ha convertido para mí más en un reto que en otra cosa.
Agujereado por lesiones, probablemente derivadas de la participación en pruebas de alta dureza, últimamente participar en esta prueba se convierte en una incógnita.
Pero he de admitir que hoy estoy satisfecho de mi participación en la prueba granadina.
Satisfecho porque cuando meses atrás casi estás escribiendo el testamento de corredor y prácticamente colgando las zapatillas, acabar una media maratón se convierte en motivo de satisfacción.
Satisfecho, además, porque hace unos días, una vez comprobado el estado físico y el inmenso vacío que me producía hacer 18 kilómetros, vaticinaba que sería difícil detener el crono en 1 hora y 40 minutos y lo elevaba a 1 hora 45. Sin embargo, éste ha quedado detenido en 1 y 41 minutos y unos cuantos segundos, por lo que presumo que no estaba tan mal de forma física pos lesión, aunque sí adolecía de una enorme falta de entrenamiento y acumulación de kilómetros.
Y esa falta de kilómetros era muy detectable a lo largo y ancho de la ruta por las calles de Granada y así lo comentaba con Gregorio, con el que hoy he hecho pareja desde el principio hasta el final. Probablemente la mayor distancia entre nosotros a lo largo de la carrera no ha excedido de los cinco metros, que estando en similares condiciones lo mejor para ambos era buscar mutuas referencias, que siempre son necesarias para planificar la carrera más regularmente.
Decir que he experimentado horribles sensaciones a lo largo de los 21 kilómetros sería exagerado, pero es cierto que no he sentido excelentes sensaciones en ningún momento. De hecho, percibía en exceso la falta de kilómetros y los muchos meses sin hacer una distancia parecida a ésta. Y es que en realidad, somos lo que entrenamos en buena parte.
Sin embargo, todas estas reflexiones quedan en un segundo plano, porque si bien el año pasado, haciendo un tiempo similar al de este año, me sentía enfadado y con ganas de abandonar las pruebas de competición, este año mi opinión es totalmente distinta: vuelvo a sentirme corredor. Uno podrá venir de hacer maratones, medias maratones de montaña y demás pruebas que exigen un buen estado de forma y un buen nivel de entrenamiento, pero te descuidas unos meses, caes en una lesión, dejas de entrenar, y en brevísimo tiempo puedes retornar a los infiernos y sentir cómo todo lo hecho ha servido de poco. Lo digo siempre: correr siempre es menor de edad.
Por eso decía que poder acabar esta prueba por debajo de 1:45 para mí ha supuesto un renacimiento.
Como renacimiento es para cada uno de los corredores. En el vestuario escuchaba a un corredor decir eufórico que por fin había bajado de la 1:50 y un compañero del club estaba muy satisfecho por bajar de las dos 2 horas.
Corremos y amontonamos pasiones y anhelos, que normalmente pasan desapercibidos para las personas que se cruzan cada día en la calle con nosotros pero no tanto para quienes tenemos cerca. Porque correr no se limita al mero hecho de hacerlo, sino que arremolina todo un cúmulo de sensaciones, sentimientos y, en muchos casos, formas de vida. De ahí que cada vez respete más al corredor aficionado (que el término popular no me gusta utilizar).
Estamos en el mes de diciembre y desde octubre me estoy reencontrando con los caminos. Por eso, la prueba de hoy, lejos de convertirse en rutinaria, la he sentido con la misma ilusión con la que asumí la primera que hice en octubre de 2006.

viernes 11 de diciembre de 2009

"PREPARADOS" PARA LA MEDIA MARATÓN DE GRANADA


Nos obsequiarán con esta camiseta técnica. Si cruzamos la meta. Si se diera el caso de que así no sea, me conformaré con tenerla en esta entrada.

El corto entrenamiento de casi 10 kilómetros en esta tarde de viernes será la última sesión para encarar la Media Maratón de Granada el próximo domingo.
Acudo a esta prueba como el que acude a un entrenamiento largo, tras casi cinco meses sin hacer esa distancia de 21 kms.
El pasado domingo sufrí para culminar 18, por lo que la suma de tres más no será un camino de rosas.
Pero no me importa. No, en esta ocasión. Años atrás tomaba esta prueba como la elegida para intentar bajar marca, pero desde hace un par de años el propósito es otro.
Por tanto, ya que no otra cosa voy a intentar, buscaré disfrutar del recorrido por esas queridas calles de mi ciudad y celebraré como un novato llegar a meta sin dolores ni otras pendencias.

martes 8 de diciembre de 2009

UNA RUTA DE OTOÑO



Por nada del mundo deseaba perderme el incomparable espectáculo de ver las alamedas de la Vega en otoño, de manera que a la hora del almuerzo inicié hoy mi ruta de 13 kms, por la Vega que une Pinos Puente con Fuente Vaqueros.
Y, como sospechaba, me encontré una Vega limpida y unas alamedas descargadas de hojas, las cuales se arremolinaban alrededor de los troncos de los árboles, creando un impecable tapiz marrón. Imagen ésta que mezclada con las escuálidas ramas de los chopos hacen que el otoño adquiera en estos lugares el verdadero sentido de su esencia.
Trotaba a ritmo sostenido por caminos silenciosos y ausentes. De hecho, correr a las tres de la tarde ofrece el privilegio de transitar en soledad con el sólo ruido armónico de tu respiración y el crepitar de la suela de la zapatilla en el terreno.
Pensaba en algún momento de la ruta que correr para mí cada día es más placer y menos deporte. Advierto que me desplazo sin tregua y observo sobre mi cabeza el lento pasar de las copas de los árboles. Un privilegio que cuesta trabajo comprender que no sea ejercitado por más personas, que ajenos a toda esa belleza prefieren hundirse en sus sillones y devorar toda esa inmundicia que destila la caja tonta, mientras se atiborran de comida insana y luego, inevitablemente, se frustran y dejan nacer en su interior un resentimiento peligroso.
Pensaba en todo eso mientras llegaba a mi olfato el incomparable olor de brasa de chimenea, seguramente proveniente de los cortijos salpicados por toda la Vega.
Volver a penetrar en las alamedas una vez atravesado el pueblo lorquiano hace renacer de nuevo la emoción, mientras que el camino embarrado recuerda que las heladas nocturnas caerán en unas horas.

Pero al mismo tiempo observo que me cuesta avanzar. Las piernas están cansadas de los 18 kilómetros del pasado domingo y sigo encontrándome vacío como hace dos días, sensación que atribuyo a la falta de kilómetros tras casi cuatro meses de inactividad.
Por tanto, no tengo más remedio que rebajar mis objetivos para la próxima media maratón, que será el próximo domingo, toda vez que el tiempo que auguraba de 1 hora y 40 minutos, muy probablemente se eleve cinco minutos más.
La prueba de esa revisión obedece a que en la ruta hecha hoy mi tiempo se sitúa por encima de seis a siete minutos sobre los peores tiempos empleados en esa misma ruta hace seis meses.

domingo 6 de diciembre de 2009

LA CUESTA DEL PERRO

El perro ya no viene veloz hasta la reja a ladrarme cuando paso corriendo cuesta abajo, en dirección a Caparacena. Y es algo que hecho de menos.
Al principio, no niego que me sobresaltaba su inminente ladrido. Me acosaba con sus fauces, enfadado de veras. O tal vez asustado. Pero ya parece que se ha familiarizado con el ruido de mi pisada o tal vez su olfato, su arma poderosa, ya me identifica como conocido.
Esta tarde pasaba por allí, junto a su morada, a las tres de la tarde y pude contemplarlo alejado, plácidamente tumbado al sol, probablemente haciendo la digestión del almuerzo recién triturado. A mí, en cambio, me quedaban 18 kilómetros por delante, y aún no había almorzado.
A lo lejos, me pareció ver su semblante confiado, sabiendo ya quien pasaba por allí, ataviado algunos días de rojo, otros de azul y otros de negro. Hoy estrenaba camiseta gris y malla corta Mizuno, negra y amarilla, pero aún así, mi amigo el perro, logró identificarme.
Sigue existiendo el cartel que reza: "Cuidado con el perro", pero ya no va dirigido a mí.