viernes, 20 de noviembre de 2009

CORRIENDO POR LOS VIEJOS LUGARES


El pantano del Cubillas siempre me ha parecido un lugar especial.

Correr es filosofía. Es literatura. Es vida. Pensaba en ello cuando esta tarde a las 15,20 iniciaba una ruta antigua. Una ruta de las que guardas buenos recuerdos, por lo excepcional del paisaje, por la aureola que desprende y por ser un recorrido redondo.
Justo el año pasado, más o menos por estas fechas, integre la ruta que rodea el Pantano del Cubillas en la rutina de preparación del Maratón de Sevilla y conservo nítido el recuerdo de haber dado dos vueltas a esos diez kilómetros y medio rodeado de nieve, agua-nieve y viento. Pero desde entonces no la había vuelto a hacer.
De hecho, ya casi pertenecía al mundo de los recuerdos y de lo onírico, porque tras la seria lesión del Aquiles comencé a deshojar hojas y cada una de esas hojas caídas era una ruta entrañable recorrida en los últimos años, pero imposible de volver a hacer.
Y, por fin, hoy he podido desandar el camino y he podido ir recogiendo esas hojas caídas. De ahí que correr sea un trasunto entre la literatura y la vida.
Y he vuelto a sentirme libre, dichoso. Porque correr me hace sentir de forma especial. Dejas atrás el tumultuoso mundo plagado de engaños e intrigas y a pocos kilómetros de la ciudad te integras y confundes con el paisaje. Miras al cielo y al suelo y te ves a ti mismo corriendo y observas como pugna con el viento la marca de tu pantalón de deporte o de la camiseta. Vuelves a imaginarte en el entorno y aciertas a comprender que eres tan sólo un individuo que avanza a través de la nada entre caminos y senderos movido por unos pulmones, un corazón y unas piernas.
Pero eso es lo mágico de correr. Eso, y saber que las batallas que creíste perdidas siguen reeditándose como desearías que ocurriera en otros aspectos de la vida. Pero me temo que la vida es mucho más ingrata que el correr. Y por eso corro.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Ahora que amanece y doy por fin de mano leo tu entrada y no puedo estar mas de acuerdo. Corro para desconectar y creo que tambiem para olvidar. Ahora me cambiare y antes de volver a casa me metere en mi cansado cuerpo 8 kilometros que aunque parezca imposible me dejaran como nuevo.Saludos.

Javi dijo...

La semana pasada, el lunes, concretamente, tuve el placer de experimentar mi auto-reciclaje tras recorrer apenas 9 kms, tras un día extenuante, estresante y lleno de malas impresiones. Apenas 40 minutos después de salir a dar mi primera zancada, todo quedó atrás.

José Antonio Flores Vera dijo...

Exacto, el correr como terapia y como remedio ante tanta estulticia, como bien diría Erasmo de Rotterdam. El correr nos hace libres.