sábado, 17 de marzo de 2007

TABERNAS: UN DESIERTO EN ANDALUCÍA


Retomando la arraigada costumbre de recorrer las distintas zonas de Andalucía, algo a lo que está constribuyendo este afán deportivo de correr allí donde se ofrezca, hoy ha tocado conocer el desierto de Tabernas, que dá paso a la entrada del Mediterráneo por Almería. El acceso desde Granada es fácil y rápido, una vez superada la ciudad de Guadix, sin que sea necesario dejar la A-92.

No obstante, el viajero siempre tendrá oportunidad de visitar pequeñas poblaciones de marcado aspecto árabe, que de forma aleatoria surgen a ambos lados de la autovía. Entre las más cercanas podemos visitar La Calahorra, aún en la provincia de Granada, presidida por su majestuoso Castillo del Siglo XVI, que ha servido a Vicente Aranda para situar escenas de su fallida película del caballero medieval Tirante El Blanco.
Ya introducidos en la provincia de Almería, la primera población con la que nos topamos es Fiñana, representada en bancales repletos de viviendas encaladas, de entre las cuales emerge una portentosa iglesia. También es posible visitar Abla, de trazado similar. Sin embargo, hoy nos detuvimos en Gérgal, población de no más de 1000 habitantes que cuenta con un coqueto y restaurado castillo árabe del Siglo XVI de propiedad y uso privado. Estando situados junto a la puerta del Castillo árabe, desde el que se observa la panorámica de la población, emerge de entre las altas sierras de la Alamilla, el observatorio de Calar Alto, situado en un lugar con escasa contaminación luminaria.

Siguiendo la ruta por la A-92, unos veinte kilómetros antes de llegar a Almería, nos topamos con la entrada a la población de Tabernas, y por tanto al Parque Natural del desierto de Tabernas, presidido por dos atracciones consistentes en poblados western, que en su día sirvieron para el rodaje de míticas películas spagueti-western, siendo la más conocida la protagonizada por un joven Eastwood, "El bueno, el feo y el malo", idea y dirección de Sergio Leone y música de otro mito de la composición musical cinematográfica: Ennio Morricone También fue filmada en alguno de estos poblados la mítica Lawrence de Arabía, espléndida película dirigida por David Lean y protagonizada, entre otros, por Pete O'Toole, Alec Guinnes, Anthony Quinn, Omar Sharif y José Ferrer. Al observar estos poblados no pude evitar recordar cierta añoranza la película de Alex de la Iglesia "800 balas", protagonizada por un creible Sancho Gracia, dedicada a los viejos y trasnochados extras de peliculas del Oeste que llevan siglos sin rodarse allí y que hoy malviven intentando sacar los dólares y los euros a ingenuos turistas.

En la dirección de la Nacional 340, que en su vertiente norte nos desplazaría hacía la costa septentrional de Almería se encuentra la población de Tabernas, de algo más de 3000 almas. Y allí dedicimos hacer un alto.

Nos encontramos un pueblo bastante deprimido, probablemente agarrado aún a la esperanza de la mitificación que ofrece su desierto y su otrora tradición cinematográfica. También encontramos como destacable el inmenso ruido de ciclomotores y toda una pléyade de coches tuneados soltando un estruendo bacalaero insoportable, estampa esta que actúa como una franquicia por los distintos lugares de Andalucía. Por tanto, no era el sitio adecuado para buscar la tranquilidad que a veces necesita el viajero. Optamos por introducirnos en una taberna de sabor popular en la que convivían en rara armonía una joven que leía una novela sentada en una mesa de la mínima terraza, un grupo de trabajadores que por su acento y su idioma - me parecía mitad italiano, mitad portugués, mitad español, con ciertas entonaciones francesas - nos parecieron rumanos y un numeroso grupo de adultos y niños que gritaban a pulmón abierto -tantos los adultos como los niños-. El camarero que nos atendió nos dijo que la tapa especialidad de la casa eran unas patatas a la plancha embadurnadas de finas hierbas, abundante aceite y salsa al alioli. Decidimos probar la especialidad, que resultó sabrosa y abundante. Tras comprar una torta de hojaldre con almendras -hidratos, más hidratos- y una especie de chapata casera, optamos por abandonar la población con el pensamiento de que Andalucía podrá ser una, pero hay muchas.

Por la poca distancia merecía la pena visitar Almería y de camino enjuiciar el porqué de mi error en la búsqueda del Estadio Mediterráneo en ese azaroso Medio Maratón de Almería del pasado enero celebrado en un día de los llamados de perros. Así que al llegar al cruce de mi perdición en los infiernos Mati me miró irónica e interrogante. Efectivamente, en pocas rotondas es posible tantísima información tan profusa y tan clara acerca de la ubicación de la Avenida Mediterráneo y el nuevo estadio y la muy distinta ubicación en relación al centro, que es justo la dirección contraria, esa que con decisión guerrera y ánimo consecuente opté por tomar cuando apenas faltaban cuarenta minutos para el comienzo de la carrera. Seguramente la nieve y el frío congelaron mis meninges.

Hoy sí, mucho más relajado, fue posible dar un sabroso paseo por el centro bien cuidado de la ciudad de Almería, degustar sus sabrosas tapas y tomar un buen café cerca de un bien copiado malecón antillano y de la dársena del puerto. Así que mientras tomábamos ese café me era posible ver aún el paso de la carrera justo por la misma puerta de la cafetería, ubicada en un lugar destacado de la rambla que toma por nombre Avenida García Lorca. Que más podía pedir: me había reconciliado con la ciudad que tan mal me lo puso en su Medio Maratón y lo había hecho de forma generosa.
Después de hacer algunas compras de última hora en un centro comercial muy cercano al Estado de los Juegos del Mediterráneo, enfilamos de nuevo la dirección de Rioja, para buscar la salida de la A-92 que nos conduciría a Granada, con la idea en la mente que el medio maratón del próximo año, precisamente me recordará esos paseos hechos hoy por algunos de los lugares que recorreremos.